Laura trabajaba desde casa y se sentía aturdida al despertar. Decidió pasear veinte minutos bajo luz natural antes del primer correo, adelantar el café y cenar ligero. A los veintiún días, su latencia bajó, la energía matutina subió y redujo antojos de media tarde. No compró ningún gadget; organizó su entorno. Nos recuerda que anclar el reloj con luz es una intervención potente, gratuita y profundamente coherente con nuestra biología diaria.
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